¿CÓMO FUNCIONA?

2 Recibe un precio personalizado en menos de 24 horas.
3 Acepta el encargo, accede a un espacio colaborativo con tu profesor asignado y APRUEBA.

Si sigues teniendo problemas, escríbenos a info@apruebatodo.com. Gracias!

¿HAS PERDIDO TUS DETALLES?

Consideraciones sobre el tono en la escritura

por / Domingo, 12 agosto 2018 / Publicado en Metodología

De las 18 acepciones que el Diccionario de la Real Academia española incluye en la entrada correspondiente a ‘tono’, la segunda reza: “Inflexión de la voz y modo particular de decir algo, según la intención o el estado de ánimo de quien habla”, mientras que la quinta lo define como el “carácter o modo particular de la expresión y del estilo de un texto según el asunto que trata o el estado de ánimo que pretende reflejar”. Así, el tono nos da una serie de indicaciones acerca de la voz, el estado de ánimo, la intención y el estilo de quien habla, siempre en relación al asunto tratado.

En otro texto afirmaba que, a través del tono, se expresa la voz de quien escribe y que, en último término, el tono junto con el asunto tratado, determinan el estilo, y no al revés.

Pues bien, en esta ocasión vamos a hablar de las relaciones que guarda el tono con los aspectos acabados de resaltar.

El tono y el tema

Desde posiciones ortodoxas se defiende la idea de que a cada asunto le corresponde un tono determinado, ya sea en oratoria o en escritura donde queramos exponerlo y/o desarrollarlo. Así, a un asunto grave le correspondería un tono serio, acorde con el asunto, o su contrario, un tono jocoso o irónico si nuestra intención fuera desposeerlo de su seriedad o incluso hacer mofa de una situación o de una persona. En último término, el tono va a depender tanto de nuestra habilidad para hablar del tema propuesto con soltura y maestría como del nivel de conocimiento que poseamos del mismo. A mayor saber, mayor número de alternativas estarán disponibles para enfrentar el tema con uno u otro tono.

Book and light bulb with hand drawing graph

Book and light bulb with hand drawing graph (by Freepik)

Si nuestro dominio del tema es limitado, la mejor opción es mantener un tono expositivo-argumentativo, ciñéndonos a los datos e informaciones de que dispongamos y tratando de establecer alguna relación entre ellos en vistas a producir algún tipo de conocimiento nuevo o a mirar dicho conocimiento previo desde una perspectiva nueva o singular, ya que no debemos perder de vista que, en el mundo académico -ya sea como estudiantes o investigadores-, de lo que se trata es, precisamente, de producir conocimiento, ensanchando de este modo los límites que separan lo conocido de lo aún-no-conocido.

Si, en cambio, tenemos ante nosotros un tema en el que nos hemos interesado durante largo tiempo y creemos tener un nivel alto de dominio y un criterio propio mediante el cual posicionarnos, entonces podemos probar con un abanico de tonos diversos en función de lo que nos propongamos demostrar al lector. Por ejemplo, podemos usar la ironía para ridiculizar las posiciones y argumentos que consideremos reprobables o equivocados, incompletos o sesgados por la ideología del autor. Bien utilizada, la ironía es un mecanismo eficaz que nos sitúa en un lugar privilegiado entre los que escriben sobre el tema en cuestión.

El tono y la intención

La intención puede definirse como el objetivo que se persigue con la comunicación. En la intención de un texto se adivina una relación con el destinatario del texto, ya que aquella se dirige a producir determinados efectos en éste. En todo escrito uno de los objetivos fundamentales consiste en atraer la atención del lector sobre el asunto tratado o sobre algún aspecto novedoso de dicho asunto. Esto puede conseguirse eficazmente mediante el tono apropiado, así como mediante el ritmo que éste transmite a las palabras.

Así, podemos escribir un texto sobre un tema de actualidad trillado dándole un nuevo enfoque que haga cambiar las ideas que cada uno se ha formado sobre él. Esto lo podemos plasmar en el texto con un tono inicial humorístico, que repase lo trillado del tema escogido buscando la complicidad (y la sonrisa) del lector, para luego presentar el punto de vista novedoso con un cambio al tono informativo que despierte la curiosidad y el interés del lector por seguir nuestro hilo argumentativo.

El tono y el estado de ánimo

Este tipo de relación resulta más controvertido, al menos a la hora de escribir trabajos universitarios. Podemos decir que el estado de ánimo en un escrito -como, por otra parte, el resto de características que estamos viendo- responde más a una estrategia de comunicación que al estado emocional de quien se dispone a escribir. Esto es así incluso en poesía, lugar privilegiado donde puede darse, al menos en apariencia, rienda suelta a la afectación.

Sin embargo, en el ámbito académico el estado de ánimo que debe prevalecer es la serenidad, la no afectación propia de los textos expositivos, sin perjuicio, eso sí, de mostrar con claridad un posicionamiento respecto al tema sobre el que escribimos, por lo que la serenidad puede perfectamente complementarse, en determinados momentos de la exposición, por la afectación propia de quien toma partido por una posición determinada. Así, pueden aparecer estados anímicos como indignación (ante hechos que podemos considerar reprobables o abyectos), optimismo-pesimismo (en las conclusiones o prospectiva sobre determinado asunto); esto es, modulaciones pertinentes en función de la estructura del escrito.

Mujer usando el portátil junto a un libro

Mujer usando el portátil junto a un libro (by Freepik)

El tono y el estilo: la voz

Cada tipo de tono puede dar lugar a un estilo diferente. Hay autores que identifican uno con otro hasta confundirlos. Sin embargo, el estilo es el conjunto de características (tanto lingüísticas como estructurantes) que cada escritor escoge y utiliza en sus escritos y que, en tanto que se mantienen a lo largo de un periodo indeterminado de tiempo, lo definen como tal escritor. El estilo es, pues, el resultado de una trayectoria que puede dilatarse en el tiempo, mientras que el tono puede discernirse en cada uno de los escritos de un mismo autor cuyo estilo aún no está del todo definido. Asimismo, el tono puede variar dentro de un mismo escrito, mientras que el estilo es fruto de la (re)iteración de determinadas estructuras y recursos lingüísticos a lo largo de una serie de escritos.

Por eso a menudo se dice de un escritor que, a lo largo de sus primeros años (años de formación), anda buscando su voz. La voz es, por tanto, la base del estilo. Podemos encontrar numerosos ejemplos de autores con voz pero sin estilo, mientras que no existe estilo sin voz. Un estilo sin voz es un despropósito. El tono, por su parte, sirve a las modulaciones de la voz que se expresa en los escritos.

Couple reading textbook together (by Freepik)

Couple reading textbook together (by Freepik)

Las clasificaciones retóricas

A estas alturas ya podemos hacer algunas consideraciones a modo de conclusión (provisional): todo escrito consiste en un artefacto lingüístico consistente en una estructura y una técnica. La retórica se ha ocupado en clasificar tanto los tipos de estructuras (textos, géneros) como las técnicas (estilo, tono, vocabulario, figuras y tropos) que les son aplicables. En cualquier manual de retórica el lector podrá encontrar una clasificación, más o menos exhaustiva, de cada una de ellas. La solvencia a la hora de escribir sólo se alcanza con la práctica de la escritura, con la ejercitación práctica de las diversas técnicas y los diversos tipos de textos. Ahora bien, como paso previo a la escritura, la lectura permanece como la principal vía de entrada a la comprensión y ejecución de los textos, ya que es la mejor forma de interiorizar tanto las reglas básicas de la ortografía, la gramática y la sintaxis como, por otro lado, ayuda tanto a enriquecer el vocabulario como a ordenar las ideas que antes aparecían de forma dispersa y caótica en la mente, debido al uso de conectores y otras técnicas para relacionarlas de manera productiva. Por otro lado, la lectura estimula tanto la curiosidad como la imaginación, verdaderos motores de la evolución humana y del avance en la ciencia y en la técnica.

Naturalmente, todo esto debe ir acompañado de una formación específica para el mejor dominio de la(s) lengua(s), ya que éstas son el vehículo privilegiado de la expresión y, en última instancia, base del pensamiento.

SUBIR