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Escribir un ensayo académico

por / Lunes, 16 julio 2018 / Publicado en Ensayo, Herramientas
escribiendo ensayo en portátil

Un ensayo académico es el ejercicio que proponen muchos profesores para evaluar las competencias y conocimientos adquiridos por los alumnos a lo largo del semestre. Además, en un ensayo se valoran también otras competencias que en un examen al uso quedarían sin evaluar, tales como las capacidades de comprensión lectora y de reflexión de los alumnos, así como sus estrategias de argumentación y su capacidad crítica y creativa a la hora de posicionarse sobre un tema concreto. Es, en breve, un escrito cuya función es mostrar cierto conocimiento sobre un tema dado.

Para llevar a cabo la escritura de un ensayo hay que tener en cuenta diversos factores, desde la propia trayectoria como lectores tanto de ensayos como de otro tipo de obras (literarias, filosóficas, educativas,…) hasta las cualidades que poseemos a la hora de escribir. Hay que dejar claro, desde el principio, que la mejor forma de aprender a escribir la proporciona, en primer lugar, la lectura. Sólo leyendo de forma continuada y asidua acabamos por interiorizar las estructuras y las formas de que se componen los diversos tipos de textos, de tal forma que, cuando acometamos su escritura, éstas se plasmarán en nuestros escritos casi de forma intuitiva.

No obstante, si la lectura no ha sido una de tus pasiones o, por cualquier motivo, no has leído con frecuencia y te ves ante la tesitura de tener que escribir un ensayo para alguna asignatura de tu carrera, desde Apruebatodo queremos darte algunas claves para que puedas afrontar la tarea con ciertas garantías.

La mayoría de posts ,  webs  y manuales dividen el ensayo en tres partes diferenciadas:

  1. Introducción o planteamiento, en la que deberás exponer el tema o la tesis que va a tratar el ejercicio, y que puedes hacerlo mediante una pregunta que propicie el debate de ideas;
  2. Desarrollo o exposición, que constituye el cuerpo del ensayo, en el que habrás de plasmar las partes argumentativa y expositiva del tema sometido a debate en los textos, aportando también tus propias reflexiones sobre el mismo; y,
  3. Conclusión o cierre, en la que tomarás partido por una (re)formulación de la pregunta inicial sustentada en los argumentos e ideas propuestos en el desarrollo.

Por nuestra parte, y como ya muchos otros recomiendan –y así lo acostumbran a exigir las universidades– añadiríamos, como parte final del ensayo –y que normalmente no computa en el número de palabras del mismo–, el apartado de 

  1. Referencias bibliográficas.

El caso más frecuente que como alumno te vas a encontrar es aquél en el que el profesor te proporciona uno o varios textos para que los leas y elabores tu ensayo a partir de ellos, a menudo poniéndolos en relación con los contenidos de la asignatura. El propósito suele ser comprobar tu capacidad para poner en relación diversos aspectos de un mismo campo del saber, así como tu habilidad a la hora de expresar los contenidos aprendidos en clase con tus propias palabras. Asimismo, también entrarán dentro de los parámetros de valoración de tu ensayo académico la capacidad que muestres para tomar y mantener mediante argumentos sólidos una posición determinada en el tema sobre el que versa el encargo. Por no hablar, en último término, de la corrección gramatical y ortográfica, así como la cohesión y la coherencia entre las diversas partes del ensayo, en las que el tono escogido cumple la función más importante: otorgarle al conjunto la cualidad de lo orgánico. El tono determina el estilo, y éste toma forma con la práctica de la escritura y de la lectura.

Imagen: Freepik

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1. Lee con atención los materiales propuestos

No estará de más recordarte que debes comprender, con carácter previo a toda otra tarea, qué te está pidiendo el profesor. Las ocasiones en que se termina por ofrecer un producto que no se ajusta a lo demandado por el profesor son más frecuentes de lo esperado para el alumnado universitario. ¡Ahórrate el desprestigio! Lee, pues, detenidamente el documento en el que se describe con mayor o menor nivel de detalle la propuesta en la que debe basarse el ensayo que vas a escribir. Cualquier duda que te surja, cualquier aportación que quieras hacer a la propuesta inicial, consúltala con el responsable de la asignatura, tanto para que aquella quede esclarecida, como para que ésta se resuelva en algún tipo de acuerdo por el que la propuesta inicial incluya alguna de tus observaciones. Al fin y al cabo, lo que piden los profesores es que trabajes de forma autónoma y cultives tu propio criterio sobre la materia estudiada, por lo que un apuntamiento atinado por tu parte hará que el profesor empiece a saber quién eres entre la masa indeterminada de los estudiantes.

Una vez resuelto este asunto, habrás de leer los materiales propuestos por tu profesor con atención y exhaustividad, subrayando las partes que consideres esenciales de los mismos, tomando notas si lo consideras necesario y realizando un esquema de las ideas principales, de sus conexiones y de las premisas que sustentan el conjunto. Éstas a menudo no son declaradas en los textos, sino que se dan por supuestas. Una buena forma de desarrollar tu capacidad crítica es saber identificar desde dónde habla el autor, es decir, bajo qué presupuestos desarrolla su pensamiento y, lo que es más importante, qué parte de su razonamiento puede ser puesta en duda o en discusión por apoyarse en premisas no cuestionadas, que suelen ser aquellas que, tomándose como verdaderas o incluso naturales, escapan a nuestra atención tanto como a los peces el agua en la que viven.

Veámoslo con un ejemplo: en un artículo sobre consumo responsable, el autor dirige la responsabilidad ética sobre el consumidor a la hora de decidir si ha de adquirir ropa barata cuyo precio asequible es fruto del trabajo infantil y/o en condiciones de esclavitud en el sureste asiático o gastarse un poco más de dinero en adquirir una prenda más cara pero de comercio justo. Si asumimos estas premisas, la atención se desvía hacia la responsabilidad del cliente en la compra, pasando por alto que, en primer lugar, el único responsable de imponer condiciones de esclavitud a sus trabajadores es la empresa que así lo hace; pero, además, también se escamotea que tanto la marca de ropa barata como el comercio justo comparten la misma situación de partida: la explotación laboral en aras de la búsqueda del máximo beneficio. Se podría incluso poner en tela de juicio que “comercio” y “justo” sean dos términos compatibles.

Como se puede apreciar, asumir la posición del que escribe como una posición objetiva nos condenaría a una lectura acrítica y, por tanto, a un resultado pobre. Desde Apruebatodo te animamos a que realices este tipo de ejercicio, que consiste en identificar y poner bajo discusión aquellas premisas que se dan por supuestas (y, por tanto, por verdaderas o naturales) en los textos que debas leer para escribir tu ensayo.

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2. Realiza un pequeño borrador o esquema general del ensayo antes de su escritura

Es importante que, antes de acometer la escritura del ensayo, realices un breve esquema o borrador de su estructura y de las ideas que vas a plasmar y/o discutir en él. Con este esquema básico podrás afrontar la tarea de escritura sin miedo a cometer errores de coherencia y cohesión interna. Dependiendo de la longitud del ensayo ‒que suele oscilar entre las 1500 y las 2500 palabras‒, de la complejidad del tema y de la diversidad de textos que utilices, puedes dividirlo en más o menos secciones, teniendo en cuenta que la proliferación excesiva de apartados puede resultar en una merma de la unidad discursiva. En Apruebatodo recomendamos, para el arco de longitud especificado, limitar las subdivisiones a un máximo de entre cuatro y seis apartados, dependiendo de la longitud establecida para el ejercicio.

Aunque frecuentemente se recomiende usar frases cortas y párrafos de escasa longitud, desde Apruebatodo te recomendamos que no tomes dichos consejos al pie de la letra. La longitud de las frases y los párrafos debe corresponderse con la complejidad de las ideas que quieras transmitir, por lo que, en última instancia, es una decisión que sólo te corresponde tomar a ti como autor del ensayo. Cuanto más complejo sea el razonamiento que utilices, cuantos más elementos operen en él y cuantas más conexiones establezcas entre ellos, mayor será la longitud de las oraciones y de los párrafos, puesto que las ideas el contenido del pensamiento no pueden prescindir de la forma ‒el lenguaje‒ para su adecuada expresión y, en consecuencia, a mayor complejidad conceptual, la expresión resultará, asimismo, de mayor complejidad y riqueza.

Esto no quiere decir que no debas aspirar a expresar toda esa complejidad con la máxima claridad que sea posible, pues la complejidad no implica necesariamente hermetismo. Una de las funciones del ensayo es, precisamente, ordenar los pensamientos de forma que queden plasmados de manera diáfana y comprensible para los lectores, si bien esto no significa, recordémoslo de nuevo, renunciar a la complejidad variable del tema abordado en el escrito.

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3. Encuentra el tono adecuado

Pero quizás el elemento clave de la escritura, más allá de los argumentos que decidas utilizar y de las posiciones que defiendas, sea el tono que decidas darle a tu ensayo. El tono puede variar según el tema, según los términos en que éste se plantee, según el grado de crítica que quieras alcanzar en la (de)construcción argumentativa y contra-argumentativa. Por fin, a través del tono debe expresarse una voz: la tuya. Expresar con voz propia unos determinados conocimientos es lo que marcará, en último término, la calidad del ensayo, incluso en los, muchas veces, estériles círculos académicos.

 

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